Somos hijos de nuestro tiempo y de nuestro entorno.

Reíamos y soñábamos al pensar en nuestra existencia y juventud. Nos adiestrábamos en las ideas que pensábamos podían cambiar el mundo. Estábamos seguros que nuestra palabra tenía el poder de transformar. Sentíamos que habia llegado nuestra hora, era nuestra tal generación…

Pero conocimos cara a cara el lenguaje de la tristeza. Iba ganando la emoción de las multitudes ante lo vano, ante el aturdimiento virtual y una esclavitud enmascarada.

Una vez más el desafío se ha lanzado y es posible que, acordándonos de lo experimentado y aprendido, en alguna esquina, repentinamente, los sueños nos vuelvan a juntar…

Filosofía y Letras

Son Risas

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