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¿Por qué se repiten los mismos errores en nuestra vida?

(Clínica de ausencias y presencias. Notas sobre psicoterapia, psicoanálisis… y la vida)

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Dr. Víctor Hernández Ramírez

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Repetimos errores y, al hacerlo, sufrimos. Esto se ha expresado también diciendo que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. No es así, en realidad. Más bien hemos sido capaces de aprender por ensayo y error, de tal modo que hemos logrado utilizar creativamente esa piedra, y otras piedras, para construir toda una civilización.

Sin embargo, en el ámbito de la vida afectiva (cuando nos enamoramos, al confiarnos en alguien, cuando buscamos ciertas alianzas, cuando elegimos pareja, en muchas situaciones afectivas cotidianas) sí repetimos errores o, dicho de otro modo, se nos aparece el espectro de una equivocación de ayer o un mismo sufrimiento emocional se nos presenta nuevamente, como si nos anunciara un destino funesto. Como una maldición gitana que nos persigue.

¿Por qué repetimos los mismos errores? ¿Cómo puede ser que nos equivoquemos igual, o de modo tan parecido que parece el guión de una trágica historia?

 En la Antigüedad se consideraba fundamental saber para evitar los errores: si uno sabía lo suficiente, si tenía toda la información necesaria, se podían tomar decisiones correctas y se evitaban los malos desenlaces.

Edipo Rey luego de saber la verdad

 Pero era común que se ignoraran muchas cosas. Sólo los Dioses podían ver el pasado, presente y futuro. Y en la tierra, sólo los reyes o poderosos acumulaban el saber con la ayuda de sus expertos. Pero ni siquiera ellos se libraban de equivocarse repetidamente: la tragedia de Edipo Rey, de Sófocles, nos muestra la ceguera con que se equivoca Edipo varias veces (se equivoca al abandonar a quienes creía eran sus padres, ignora que el enemigo eliminado era su padre y desconoce que la reina que recibe junto con el trono de Tebas es su madre) y no es hasta el final trágico que se convence de su ignorancia*.

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En la actualidad ocurre, más bien al contrario: sabemos demasiado. Tenemos un exceso de información, que es de fácil acceso gracias a las tecnologías de la comunicación. En la sociedad del consumo, la supuesta libertad para elegir que tiene el consumidor se deriva de su poder para saber todo, o casi todo, para poder obtener lo que desea.

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También en las relaciones afectivas se aplica esa lógica: hay que saber sobre el amor, las relaciones amorosas, la sexualidad, la gestión de emociones, la inteligencia social… saber de todo eso.

 Y, sin embargo, aunque sabemos mucho, eso no evita que repitamos errores. Los mismos errores. Al buscar o elegir la persona con la cual compartir la vida. Al repetir los patrones autodestructivos en las relaciones cotidianas. Al estancarnos en ansiedades o tristezas súbitas que amenazan con hacernos perder el control. Al quedar rodeados de pensamientos que cubren de gris oscuro nuestro día a día…

Y, al repetirse tales errores, sufrimos. Porque la repetición por sí misma no es algo negativo. De hecho, la repetición es parte del ritmo con que persevera nuestra vida, del querer vivir. Y es importante que las experiencias más intensas de nuestra existencia nos empujen a tratar de repetir aquella sensación de estar vivos, tomando decisiones arriesgadas o siendo capaces de hacer cambios para crecer. Pero la repetición de errores es otra cosa, es el retorno de algo que nos hace sufrir, que padecemos como un dolor que no tiene nombre^.

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Daydreaming, 2009 por Viktoria Sorochinski

Y si bien el dolor padecido no es sino el reverso del amor, es decir, la otra cara de relaciones afectivas que nos han marcado, a veces traumáticamente, lo cierto es que el sufrimiento no tiene por qué instalarse como un destino ineludible. Eso es lo que se trabaja en los espacios psicoterapéuticos, en los procesos de trabajo para cortar con la cadena del destino, para que no haya más repeticiones compulsivas de los errores que duelen, para que esa vida que empuja lo haga en una dirección de crecimiento. Como ya sugiere esta nota, no se trata de saber (ni de saber en exceso, como la inmensa información que se posee actualmente), sino que se trata de reconocer y asumir las vivencias de la historia vital en una relación de comprensión y de cambio terapéutico. Reconocer es reconocer-se, es el hallazgo de sí mismo en el campo de las relaciones afectivas y es la capacidad de asumir nuevos riesgos en el campo de las decisiones y en el modo de mirar la vida que se tiene por venir.

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* Con todo, hay que recordar que Michel Foucault, en una de sus conferencias de La verdad y las formas jurídicas, interpreta a Edipo como el mito que demuestra que, por el contrario, Edipo no ignoraba sino que “sabía demasiado”, al referirse al poder y saber cuasi absoluto del tirano griego. Con todo, la misma lectura de Foucault concluye que el “saber excesivo” de Edipo no es sino la pretensión de poder del gobernante. Cf. Obras esenciales, Barcelona: Paidós, 2010, pp. 487 – 583.

^ Al respecto, es muy recomendable leer al psicoanalista Juan David Nasio, ¿Por qué repetimos siempre los mismos errores?, Barcelona: Paidós, 2011.

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Víctor Hernández Ramírez, Doctor en psicología. Psicoterapeuta y Psicoanalista en práctica privada. Telf. +34 628 665 003. Travessera de Gràcia 45, 5º – 1ª, 08021 Barcelona (Spain). E–mail: herramv@gmail.com

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Imagen de la entrada:  Fotofrafia por Viktoria Sorochinski (Germany). Es una de sus tres elecciones para LensCulture’s Critics ’Choice 2020 https://www.lensculture.com/. En esta última serie, realizada en la primavera de 2020 durante el bloqueo del coronavirus en Berlín, Sorochinski lleva ese proceso un paso más allá. http://www.viktoria-sorochinski.com/

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…Una guía para no ser guiado…

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