“LA TRINIDAD”: el triángulo equilátero de ANDREI RUBLEV

 

 

 

LATRINIDAD”, también llamada “La hospitalidad de Abraham” es un ícono creado por el pintor ruso ANDREI RUBLEV (monje) en el siglo XV. Es su obra más célebre y el más famoso de todos los íconos rusos, siendo considerada como uno de los mayores logros del arte ruso.

Sin vacilar, podemos decir que tratar de entender el dogma de la Santísima Trinidad es sumamente difícil. Este misterio ha inspirado a muchos artistas a representarlos a través de sus pinturas, pero a lo largo de los siglos fue Andrei Rublev quien logró el mejor intento de pintarlo. Su representación de la Trinidad, obra maestra del arte pictórico, es también un compendio de teología trinitaria que se ofrece a la mirada de la fe. Data del año 1411 aproximadamente y se encuentra actualmente en la Galería Tetriakov de Moscú. La imagen original tiene un tamaño de 142 cm. de alto, por 114 cm. de ancho.

 

Trinidad de Rublev

 

La Trinidad representa a los tres ángeles que visitaron a Abraham en el Roble de Mambré (Génesis 18: 1-8), pero la pintura está llena de simbolismo y se interpreta como una figura de la Santa Trinidad. Para Andrei Rublev, así como para muchos otros, era la encarnación de la unidad, la paz, la armonía, el amor y la humildad mutua espiritual; por ello el autor quiere dar a conocer el misterio de la misma como un mensaje para quien observe la pintura.

En la obra se puede apreciar que Las Tres Personas tienen un rostro muy semejante, para representar su igualdad y su co-eternidad, ya que no hay momento en que el Padre estuviera sin el Hijo, porque en la eternidad no hay momentos.  El Hijo tiene su cabeza vuelta hacia el Padre, que es quien lo engendró; el Espíritu Santo tiene su cabeza vuelta hacia el Hijo y el Padre, pues procede del Padre y del Hijo. El Padre tiene la cabeza erguida, el Hijo algo inclinada, y el Espíritu Santo un poco más inclinada aún, indicando estas mismas relaciones de origen…

Otro detalle que resalta en la pintura, es la formación de un triángulo equilátero uniendo las líneas de los dos extremos de la mesa con la cabeza de la Persona del Hijo, que está en el centro, denotando así la igualdad de las Tres Personas Divinas. También es asombrosamente posible contemplar la comunión de las Personas con esa copa en el centro de la mesa, la cual encierra un manantial de significados de vida y si se quitan los espacios que las separan, vemos como los perfiles de las Tres Personas quedan fusionados.

Por otra parte, el rostro del Espíritu Santo se dirige –con mirada atenta– al rectángulo que está en el frente de la mesa: el rectángulo representa al mundo, el mismo que tiene cuatro puntos cardinales, cuatro estaciones y –según el pensamiento antiguo – cuatro elementos: agua, fuego, tierra y aire: el cuatro es el símbolo del mundo, como el tres es el símbolo de Dios.

Es la vida del Dios trino que Andrei Rublev pone ante nuestros ojos. Declarando que Dios no es un puro permanecer en sí mismo, un absoluto quieto y muerto, sino que el ser de Dios es un permanente salir de sí, es una dinámica eterna de entrega y relación; se puede decir que de este modo el artista nos va introduciendo en la circularidad del cuadro.  Esta magnífica obra a la que podríamos definir como un “movimiento inmóvil” que evoca la Vida y Perfección infinitas de la Trinidad también fue usada por el formidable cineasta ruso ANDREI TARKOVSKY – quien no dejó de inspirarse en los temas de tipo espiritual escritos en La Biblia de una manera única y exquisita – en su filme: ANDREI RUBLEV, película que fue filmada en blanco y negro en 1964 y proyectada por primera vez en 1966. El guión fue escrito por el mismo Tarkovsky en conjunto con Andréi Mijalkov-Konchalovski. El director de fotografía es Vadim Yúsov. La música pertenece a Viacheslav Ovchínnikov.

“¿Es que un autor le puede decir algo al espectador cuando no comparte con él el esfuerzo y la alegría de la creación de una imagen?” “…dejar que (el espectador) componga la unidad de la película partiendo de sus partes, pudiendo añadir en sus pensamientos elementos propios.” (Fragmentos del libro “Esculpir en el tiempo”, de Andrei Tarkovsky)

Alguien dijo: “El arte como religión, el artista como una suerte de profeta. Ese es el credo de Tarkovsky”. En esta película, el cineasta: Quería que aquella película narrara cómo, en la época del fratricidio y del yugo tártaro, nacía un deseo nacional de fraternidad del que surgía la genial Trinidad de Andrei Rublev, el ideal de hermandad, de amor y de la fe reconciliadora.

 

 

Sin lugar a dudas, dos obras de arte impecables en la pintura y en el cine. Nuestro quehacer: simplemente saber observarlas…

Ysi Ortega

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