El peón de ajedrez: una dama en potencia

 

 

 

 

 

El peón de ajedrez: una dama en potencia

Por Ysi Ortega 

 

“Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!”  (Eclesiastés 4:12)

 

 

 

El Ajedrez es un juego de estrategia entre dos oponentes en el que no interviene el azar y que requiere de un importante esfuerzo intelectual unido al espíritu de lucha del jugador. Tal como se conoce actualmente, el ajedrez, surgió en Europa durante el siglo XV como evolución de otros juegos más antiguos, como el persa shatranj y el aún más antiguo chaturanga de origen indio cuyos inicios datan del siglo VI. Jugar al ajedrez, según el ajedrecista Roberto Grau (‘Tratado General de Ajedrez’), es poner en marcha el cerebro en una actividad que recrea, pero que obliga a un proceso mental armónico y lógico”.

En un tablero de solo 64 casillas -cuadros llamados escaques que alternan los colores blanco y negro- y 32 piezas al inicio, el número de combinaciones posibles que pueden jugarse excede la cantidad de átomos en el universo, se suele decir. Es probable que por expresiones como la citada, reconocidos hombres – representantes de diversas manifestaciones culturales- señalen a este juego, ajedrez, como una emulación de la vida. “El ajedrez no es como la vida, es la vida misma.” (Bobby Fischer, campeón mundial entre 1972 y 1975). Si es así, bien puede decirse que el ajedrez no es solo un deporte sino también un arte y algo más. El artista y ajedrecista Marcel Duchamp (1887-1968), afirmaba: “El ajedrez tiene toda la belleza del arte y mucho más. No puede ser comercializado. El ajedrez es más puro que el arte en su posición social”.

 

Juego de ajedrez -Elke Rehder


El objetivo del juego es vencer al adversario derrocando a su rey. Para ello es necesario llegar hasta las inmediaciones de la casilla que ocupa el rey rival con alguna de nuestras piezas o amenazar su posición con una pieza de largo alcance y realizar un “jaque al rey” sin que el otro jugador pueda protegerlo. Si lo conseguimos el resultado será el “jaque mate” y el fin de la partida.

 

 

Cada jugador de ajedrez cuenta con dieciséis piezas que puede desplazar en el tablero respetando las reglas del juego: el rey, la dama, dos torres, dos alfiles, dos caballos y ocho peones. Como podemos ver, hay un orden en la enumeración que indica el valor y facultades de movimiento de las piezas en este campo de batalla llamado tablero de ajedrez. El peón aparece al final, no existe una pieza más débil y numerosa que el peón. No es uno, ni son dos, sino ocho peones, algo que – si pensamos en el ajedrez y su similitud con la vida- nos lleva a relacionar en términos cuantitativos la gran diferencia que existe entre el número de personas comunes que conforman una sociedad (peones) en contraste a los contados “reyes” que la gobiernan. 
“Veo en la lucha ajedrecística un modelo pasmosamente exacto de la vida humana, con su trajín diario, sus crisis y sus incesantes altibajos.”
(Garri Kaspárov, G.M. de ajedrez, excampeón del mundo, escritor y activista político nacido en Bakú).

 

Ataque violento  -Elke Rehder

 

El término peón proviene del latín “pes”, que significa ir a pie. Es la única pieza que no puede retroceder; es decir, que a diferencia de las piezas mayores ellos marchan en un solo sentido, el de avance y, además, es la pieza más débil por acción y movilidad. Sin embargo, en coordinación con otros peones forma las estructuras que son el esqueleto de la posición, convirtiéndose en un elemento técnico de gran importancia ya que dictamina el esquema táctico de toda la partida. Vemos entonces, que, el peón tiene un valor relativo en el juego pero que en el transcurso de la partida puede llegar a ser el instrumento fundamental de la victoria o de la derrota en este alucinante deporte.

 

Apertura – Elke Rehder

La función del peón de ajedrez durante el juego es eliminar las piezas del adversario del centro del tablero y de los puntos decisivos de juego, para ofrecer soporte y facultar el paso a las propias. Su segunda tarea no es menos importante, dado que a la pieza más “pequeña” se le ha de encomendar la tarea de iniciar los avances y abrir líneas de ataque para las piezas mayores. Por si esto no fuera suficiente, a esas tareas hay que agregarle la gran responsabilidad de la defensa. Ocurre que su fuerza se incrementa al formar grupos dinámicos que funcionan como bases fundamentales para lograr su propósito. La mejor manera estratégica de defender un peón es con otro peón (un claro recordatorio de que hay un deber que no se está realizando en el mundo de los humanos). Esta pieza, siendo la más débil en el tablero de ajedrez, deja la fantástica enseñanza que dice: manteniéndonos unidos aumentamos nuestro valor.
“La acumulación de pequeñas ventajas lleva a una supremacía considerable” (Wilhelm Steinitz, ex campeón mundial de ajedrez). Cada peón es una pequeña ventaja…

 

Concentración de peones – Elke Rehder 

 

Un significativo logro del peón de ajedrez es convertirse en un “peón pasado”, nada más esperanzador, puesto que un peón pasado ya no tiene opositores en frente. La importancia de un peón pasado está en la posibilidad de un final (llegar a la octava fila o primera línea de su adversario) y lo conseguirá si ha sido bien apoyado por otros peones, ya que desde ese momento (como afirmaba Nimzovich) “Un peón pasado se convierte en un criminal que debe vigilarse”. Tal como sucede con aquellas voces que se levantan en oposición a un gobierno opresor.

 

Peón peligroso – ELke Rehder

 

En la parte final de la partida, el peón adquiere una gran importancia y su valor radica en la opción de ser cambiado (ser promovido) por una pieza de mayor valor al alcanzar la octava fila, generalmente por una dama (pieza que puede moverse en todas las direcciones), de esta forma logra cambiar el balance material a su favor para asegurar la victoria.

En una partida de ajedrez es frecuente que sean los peones las primeras piezas que se intercambian en el inicio del juego, así como las últimas en abandonar el tablero. Ellos son la esencia y médula de la estrategia del juego. Es admirable como este noble juego nos alecciona que la pieza de menor valor absoluto, la pieza físicamente más pequeña, puede llegar a ser la pieza determinante en toda partida de ajedrez. “Los peones son el alma del ajedrez.” (François-André Danican, apodado Philidor, músico y ajedrecista francés, considerado uno de los mejores ajedrecistas del siglo XVIII).

La resumida descripción ajedrecística, que giró en torno al peón de ajedrez, habla de una fuerza escondida en el alma de un peón. Fuera de este tablero de 64 casillas, en los asuntos de la vida, se podría reflexionar que a los “peones” de nuestra sociedad; aquellos que se encarnan en los más vulnerables, como el pobre, el estigmatizado, los obreros, los hombres y las mujeres que son discriminados y abusados, los inmigrantes, los campesinos, los explotados por el sistema de consumo y los que se les hizo creer que su valor es mínimo y de uso descartable por no poseer bienes materiales o por no haber tenido la oportunidad de acceder a una “buena educación”. Los peones actuales llegan a ser, mayormente, la “pieza” más sacrificada; situación impuesta por los pocos poderosos, egoístas, corruptos y avaros que, con sus inhumanas, caprichosas y pragmáticas leyes hoy nos gobiernan. Pero los peones son nacidos libres y es urgente recordarlo, aún se encuentran por doquier encadenados, desconociendo el valor que tienen.

En el ajedrez, como en la vida, el adversario más peligroso es uno mismo. (Vasili Smyslov, séptimo campeón mundial de ajedrez de la historia, uno de los jugadores más fuertes del mundo durante muchos años).

                                                           

 Adversario  – Elke Rehder

 

Los grandes maestros de ajedrez dicen que “cada jugada está conectada con el final”. El desarrollo de nuestras movidas debe ser en función del final que deseamos, del final que soñamos. Nuestra partida en esta vida debe tener una visión del futuro. Nada más cruel que el hecho que desde donde “nos ven y dirigen”, sistemáticamente se intente cada día implantar en nuestras mentes que solo el aquí y ahora cuentan, pura banalidad e insensatez de los que caen en dicha idea planificada. Se olvidan de que hay hijos, sobrinos, nietos y que, aunque no como en otros tiempos (porque se han acelerado los males), la vida continúa.

 

El peón de ajedrez sigue su visión, va en busca de esa promoción por la que ha luchado valientemente anhelando ser “coronado”. En una partida en la que ya no está la dama, el peón es el único que la puede pedir. Simbólica e interesantemente, el peón entrega de forma voluntaria su vida para dejar de ser quien es y convertirse en una pieza de mayor valor, como señalamos antes, mayormente en una dama. La meta: ganar la partida.
El ajedrez nos enseña, entre otras cosas, la necesidad del compromiso irreversible e incluso que “hay un momento en el que se puede ser anti-rutinario” porque la razón, sea teórica o práctica, no lo es todo; dado que, como alguna vez escribió Roberto Grau (histórica figura del ajedrez argentino), “Hay que agotar primero, el caudal de planes “lógicos” y cuando observemos que estos fracasan, apelar a los grandes recursos de lo “ilógico”, que suele entrañar un considerable caudal de sorpresas para el rival… Solo un jugador avezado puede hacerlo en situaciones muy singulares. Las maniobras “ilógicas” suelen ser lógicas cuando se las comprende. Después de todo, en el ajedrez no hay jugadas lógicas e ilógicas. Hay, simplemente, jugadas buenas o malas”.

 

Mejor jugada de ajedrez – Elke Rehder

Se dice que no hay peor jugada que la que no se realiza. Es preciso desactivar algunas ideas erróneas y en otros casos, despertar. En el ajedrez de la vida, el “peón” es fundamental, es definitivo, es pequeño, pero puede llegar a ser un gigante. Interviene en el dominio del centro del tablero, lugar estratégico desde el cual se atacan los flancos del rival. La regla de oro sobre el peón de ajedrez dice: “peones unidos son más fuertes que peones aislados”.

 

Si “Los peones son el alma del ajedrez”, como afirmaba el eximio ajedrecista, Philidor; la realidad nos indica que, el pueblo es el alma de una sociedad….

 

Cadena de Peones – Elke Rehder                                       

 

 

Sin dolor no hay gloria ni honor. Si no hay sufrimiento, ni lucha, tampoco habrá una supremacía ni un lugar de honor.

Peones amenazan – Elke Rehder

 

…Quién pudiera darse cuenta de que (como aseveró James Mason) “Todo Peón es una Dama en potencia” .…y el “rey, la pieza más débil….

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *