CÉSAR VALLEJO: un nudo en el alma

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LOS HERALDOS NEGROS

 

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma. ¡Yo no sé!

 

Son pocos; pero son. Abren zanjas oscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

 

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,

 de alguna fe adorable que el Destino blasfema.

 Estos golpes sangrientos son las crepitaciones

 de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

 

Y el hombre. Pobre. ¡Pobre! Vuelve los ojos, como

 cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;

 vuelve los ojos locos, y todo lo vivido

 se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

 

Hay golpes en la vida, tan fuertes. ¡Yo no sé!

 

 

Cesar Vallejo 3César Abraham Vallejo (Santiago de Chuco, 1892 – París, 1938) poeta peruano, una de las grandes figuras de la lírica hispanoamericana del siglo XX. Desde 1923 vivió en París y Madrid dedicado a la literatura, el periodismo y la vida política, habiendo visitado también Moscú en tres ocasiones.

Su obra es de un nivel expresivo pocas veces alcanzado en la que imprime su singular personalidad y su inocultable sensibilidad ante el dolor propio y colectivo. En sus últimos libros esa impronta se transformaría en un sentimiento de solidaridad. Vallejo, de ideología marxista, veía en el marxismo una senda de justicia y liberación del hombre, pero nunca una solución a las grandes cuestiones metafísicas que juntamente con los temas religiosos y sociales eran sus más grandes preocupaciones. Así pasa del Modernismo a las vanguardias y del experimentalismo vanguardista hacia una poesía humana y comprometida, mostrando hasta sus últimos días una inquietante renovación en sus obras. “El literato de puerta cerrada no sabe nada de la vida. La política, el amor, el problema económico, el desastre cordial de la esperanza, la refriega directa del hombre con los hombres, el drama menudo e inmediato de las fuerzas y las direcciones contrarias de la realidad, nada de esto sacude personalmente al escritor de puertas cerradas.”

 

200px-Los_heraldos_negrosLos Heraldos Negros”, 1918 es el título de este poema y también el nombre del libro que se sitúa en una etapa parcialmente temprana de su producción.

Había pasado la primera guerra mundial cuando Vallejo se acerca al existencialismo de principios de siglo, movido, como muchos, por la barbarie de la guerra y la gran hambruna como una de las consecuencias.  El poeta se aleja del colorido lenguaje modernista, rompiendo con la formalidad métrica estrictamente respetada para mostrarnos una mezcla de rimas consonantes con asonantes, logrando despertar nuestros sentidos a un nuevo ritmo.  Trata con un acento muy personal sobre el destino del hombre cuestionando su existencia. Habla filosófica y poéticamente de la muerte, el dolor, la soledad, la orfandad, la frustración, el absurdo, la religión y la culpa.

 

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En Los Heraldos Negros vemos que el yo lírico comienza el verso con una certeza y lo termina con una duda, pero todo el poema será un intento de explicar la clase de golpes a los que se refiere, golpes que son visibles para cualquiera porque han dejado huellas y Los Heraldos – que son Negros – se convierten en una suerte de mensajeros de todo ese dolor que llega sin poder evitarse.

Para Vallejo el pan sería el símbolo de vida, como el alimento divino que el hombre necesita pero que no le llega o que quizás, por esos “golpes” recibidos, el hombre no confía en aceptar. Lo cierto es que ese pan no llega a cumplir con su propósito.  El lenguaje de tono místico, está reforzado por la referencia a ese Dios que nos abandona y al que también nosotros hemos abandonado, o relegado a un segundo lugar, y al hablar de esos “Cristos del alma” pareciera evocarnos los “pasillos del alma” como un hoyo que absorbe todos los sufrimientos del hombre, que años antes habían poetizado Unamuno y Antonio Machado. El poeta acumula un elevado nivel de carga semántica y conceptual. Hay un juego entre lo concreto y lo abstracto, pero que el lector puede comprender, puede sentir y puede entender de qué habla Vallejo. Otro de los momentos de gran sensibilidad en Los Heraldos Negros es cuando Vallejo habla de “el charco”. Sabemos que en un “charco”, el agua no fluye y cuando esto se menciona en el poema, es como sentir que no hay más salida, evidentemente esa es una las imágenes más desgarradoras de angustia y desamparo…. “¿Quién no habla de un asunto muy importante muriendo de costumbre y llorando de oído?” (Vallejo)

 

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Su intento de saber para que existimos y que debemos hacer con este existir va a continuar en este grande de la Literatura hasta el final de sus días y su influencia se dejaría sentir en las siguientes generaciones. Su obra, deja en claro que no hay contradicción entre responsabilidades cívicas y exigencias estéticas; que ambas se pueden unir armoniosamente y llenarse de contenidos humanos que pueden expresarse en un lenguaje riguroso y exquisito. Este es el enorme legado de uno de los más grandes poetas que nos ha dado el siglo XX.

“¡No es grato morir, señor, si en la vida nada se deja y si en la muerte nada es posible, sino sobre lo que se deja en la vida!” (Vallejo)

 

pizap.com14548107961396tresYsi Ortega

 

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