Cerrado temporalmente

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Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo (Julio Cortázar)

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Cuando aún hay vida es posible intentarlo todo de nuevo, menos, como decía un amigo, las historias de amor (demasiado triste, pero respetable). Ser esa casa en la que se precisa reacomodar los planos. Desarmar lo construido hace ya algún tiempo, ¿Décadas? Más de un par, seguro. Desde la albañilería, canterías, siguiendo con la remoción de ventanas y puertas para finalmente, si es necesario, tirar abajo las paredes y por último los techos. Lo que sea imprescindible para dar paso a lo nuevo…a lo recién descubierto o aprendido.  Ya parece que realmente, a veces, “Todo dura siempre un poco más de lo que debería”, vuelve Cortázar…

La nostalgia, refugiada en la memoria, puede jugarnos en contra. Porque a quién no le gusta recordar los tiempos felices, aquellos tiempos en los que las dudas ni aparecían. Tiempos cuando en un abrir y cerrar de ojos nos transformábamos en héroes y heroínas… ¡Qué bien se sentía haciendo feliz a más de uno! Ni qué decir de las historias de amor con sabor a eternidad. Con eso y todo la “remodelación” de la casa -que ha comenzado en el interior- no debería detenerse; más allá que en el trayecto de tal tarea se termine por debilitar la fachada. Toda esa armazón exterior que ha servido de imagen pública y que probablemente ha costado un gran precio, pero que al final ha sido solo eso: una fachada, ni más ni menos.

Pasan los años y es de importancia entender que el mundo ya no es el de antes, simplemente dejó de ser lo que era y hoy nos vemos inmersos en un mundo lleno de miedos, de confusión, de vaticinios sobre la naturaleza, de deslealtades y de desamparo que nos exige cuestionarnos por todo y valga la redundancia, de todo, sin que por ello se pierda lo esencial de uno y de lo que nos fue entregado para ser cuidado. El tiempo apura, desgasta, pero también alerta que no es sensato derrochar toda la fuerza que tenemos por mantener una fachada –como si fuera una máscara salvadora- que actúa en nombre de la reputación ante la sociedad o dentro del mismo seno familiar.

Es probable que coincidamos en que es doloroso tirar abajo una historia, en algunos casos de casi toda una vida. Pero si traemos a consideración la posibilidad de que en ese mismo suelo y con no pocos materiales de la antigua edificación, todavía es posible levantar algo diferente, algo fresco y prometedor que nos desprenda de donde estamos y nos proyecte hacia el futuro que deseamos, para provecho de uno mismo y en consecuencia, para todos los demás… ¿Por qué no?  Mientras hay vida, la esperanza respira y está para quien desee comer de sus frutos. Ya nos fue dicho: “Os es necesario nacer de nuevo” (Jesús a Nicodemo). Toda reconstrucción precisa de un real cambio interior. En este sentido, es posible recuperar el valor que, por uno u otro motivo, se ha perdido.

Comencé recordando a Cortázar y voy terminando de la misma forma. Como se puede ver, hay siempre algo bueno del pasado que se puede rescatar y mantener. “Examinadlo todo; retened lo bueno” (se advierte en 1Ts 5:21). Bueno es el amor cuando anda de la mano del conocimiento y por eso: “Todo hay que volver a inventarlo […] el amor no tiene por qué ser una excepción” (Cortázar)

La vida toda es un gran reto y a veces es necesario parar un momento, salir a la puerta principal de la casa y colocar sobre el dintel de la puerta el cartel: “Clausurado por reconstrucción”

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Ysi Ortega

By Ibrahim Brimo

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……Una guía para no ser guiado…..