Bailando en la oscuridad de Lars von Trier

 

 

 Dancer in the Dark. Bailando en la Oscuridad

Por: YsiOrtega
 
Cuando era niña y estaba en Checoslovaquia, solía hacer trampa. Me salía del cine justo después de la penúltima canción. Así, la película seguía por siempre. Maravilloso ¿no?”  (Selma,Dancer in the Dark)
 
 
thDANCER IN THE DARK. Bailando en la oscuridad, escrita y dirigida por Lars von Trier (2000), es uno de los melodramas musicales más sorprendentes y estremecedores de la pantalla grande. Es un poema sobre la vida y la muerte, es un filme que a pesar de tener un guión a simple vista no demasiado imaginativo (la madre pobre luchando por su hijo, la bondad de las clases bajas, la autoridad incomprensiva y opresora…), en manos de este brillante cineasta danés, ícono talentoso del cine independiente y la magistral actuación de Björk y sus compañeros, se convierte en parte de un cine revolucionario que, a diferencia de otros, no tiene ningún tipo de convencionalismo. Es importante liberarse de ataduras cuando haces una película”, decía Lars von Trier. Y en este filme, es más libre que nunca.
 
El creador del largometraje describe crudamente y sin trabas algunas de las consecuencias negativas de la Revolución Industrial (con la que se afianzó el capitalismo), al mismo tiempo que resalta esas dualidades extrañas de la naturaleza humana: la forma en que nuestra vida puede cambiar con cada latido de nuestro corazón, recordándonos que somos seres de bondad, como así también de maldad y que en ocasiones esta última, se llega a ocultar en un infinito mar de aparente  inocencia y afabilidad.
 large_dbSXueAo31UnHuEwKtjZ4oviTLuAlguien dijo que hacer una película musical como ‘Bailando en la oscuridad’ sería lo más parecido a un suicidio sin purgatorio en manos de cualquier otro director, pero Lars von Trier es uno de los directores más innovadores del cine actual y con un corazón capaz de transformarse, también, en cronista de toda la miseria del mundo, al mismo tiempo que nos eleva casi hasta el cielo con la actuación y la enigmática voz de Björk.
 
La historia es sobre Selma, papel interpretado por la polifacética artista islandesa, Björk. Ella asume aquí el rol de una inmigrante checa y madre soltera que trabaja en una fábrica situada en un pueblo de los Estados Unidos. Selma y su hijo, viven en un remolque detrás de la casa de Bill (David Morse). Su única vía de escape a tan rutinaria vida es su pasión por la música, especialmente las canciones y los números de baile basados en los musicales clásicos de Hollywood, habiendo ocasiones en que ella cree estar viviendo escenas de éstos dentro de su propia vida. Posiblemente sus alucinaciones dentro del mundo musical en los momentos más inadecuados sean desvaríos propios de una mente enferma, pero las puestas en escena de los mismos son para ella un escape de la atroz realidad y un claro respiro para el espectador.
 
“No soy fuerte. Tengo algunos juegos para cuando todo se dificulta” (Selma)
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La película fue filmada con cámaras de vídeo Sony (DSR-1P, DSR-PD100P, DSR-PD150, DXC-D30WSP) luego impreso en material de 35 mm. con un aspecto de 2.35:1. y aquellos que conocen del tema, saben que debe haber sido una ardua tarea para el director hacer una obra de arte con materiales de trabajo tan limitados. En la película se suceden escenas musicales memorables, como la del tren, la fábrica, el juzgado o ese agónico final en el que Selma camina hacia su destino contando cada paso que da. Esta última escena, acompañada por un emotivo tema cuya letra son sólo números (107, los pasos que anda la protagonista) y que seguramente quedará para siempre en nuestra retina. ‘Bailando en la oscuridad’ es de una belleza y de una altura estética arrolladora porque el cine es mucho más que una historia bien contada. Es un sueño, son personajes que anhelan ser sinfonías. El cine, como bien decía Alfred Hitchcock, “no es un trozo de vida, sino un pedazo de pastel”.
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Con todo y esto, Selma esconde un triste secreto: está perdiendo la vista debido a una enfermedad hereditaria y su hijo padecerá el mismo mal si ella no logra reunir el suficiente dinero para asegurarle una operación. En ‘Bailando en la oscuridad’ se revive la historia de una mujer, que, como muchas en nuestro tiempo, se enfrenta a una sociedad injusta, insensible, que cierra sus puertas a un clamor de aflicción, de desesperanza. Una mujer que sueña con su hijo en un futuro en el que pueda ver la luz al despertar, las aves volar, los árboles crecer; aunque en ese porvenir también encuentre la sociedad que un día le hará conocer el desamor, dejándolo huérfano del amor de su madre.
Todo esto va ocurriendo mientras ella incansablemente continúa ahorrando cada billete que recibe como forma de pago por trabajar en una fábrica para hacer bandejas. Su objetivo es inamovible, su hijo Gene, tiene que ser operado para no quedar ciego como ella.
 

Lars von Trier rueda magistralmente esta durísima historia. El guión no muestra piedad ni clemencia en ningún momento por Selma ni por la audiencia. No hay cambios obligados, no hay agregados para decir lo que parece estar escrito como el destino de Selma, no hay ni un sólo milagro. Toda la fuerza de la inequidad juridicial estadounidense cae sobre ella, cuando el amigo de ésta, su vecino Bill (un policía, quien se había mostrado amable hasta ese momento) le roba todos los ahorros que tenía para la salvación de su hijo. Entonces, Bill la acusa de haber sido ella la del fallido intento de robo y por último hace que ella en medio de un forcejeo le dispare. Selma inmersa en la ceguera de su hijo, sólo atina a “obedecer” y en su desesperación acaba con la vida del hombre que quiso resolver sus problemas con dinero ajeno, llevándose consigo el futuro soñado para su hijo.  La institución justicia se encargará de terminar con lo que le quedaba por dar de su vida, así vemos que la condena será la pena de muerte para Selma y apenas un par de sus amigos fieles estarían con ella hasta el final.

“Ya lo he visto todo. He visto los árboles. He visto las hojas del sauce bailando en el viento. He visto a un hombre ser asesinado por su mejor amigo y vidas que han terminado antes de ser vividas. He visto lo que era y sé lo que seré. Lo he visto todo. No hay nada más que ver.” (Selma)

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Von Trier nos muestra un mundo hostil que se aprovecha de los débiles. El trabajo es un infierno de ruído y deshumanización, sin realización para el hombre e insuficiente para que puedan salir adelante aquellos que no tienen la protección de los de poderosos.  En Selma, vemos a una persona de una valentía inusual y a la vez una persona frágil. Es valiente al intentar ser más fuerte que la enfermedad que la oprime y frágil, al mostrarse sencilla y hasta ingenua ante la maldad de las personas que, finalmente, terminan por derrumbar sus sueños.
 
El arte, como la ciencia y otras manifestaciones inherentes al ser humano, debe estar al servicio del hombre y ‘Dancer in the Dark’ es un filme con una trama dramática muy interesante, que refleja la situación que quizás estén viviendo muchas personas en este momento. La Revolución Industrial ya pasó, pero hoy seguimos teniendo la falta de respeto por la vida humana en muchos centros de trabajo (aún existe la trata de personas); la “injusta justicia” crece a pasos agigantados y sin descaro (jueces obedeciendo al poder de turno) y el capitalismo – aunque en sus últimos días, lo deseo – sigue imponiéndose a lo largo y ancho de nuestro planeta. Por otro lado, el filme nos conduce a un cuestionamiento personal: ¿Cuánto es el esfuerzo que hacemos cada día para alcanzar nuestras metas y nuestros sueños? ¿Cuál es el límite que no debemos cruzar para evitar sufrir las consecuencias de nuestros actos? Pensar en el trágico final de esta exquisita obra de arte, nos debe dejar una profunda reflexión.

 

“Esta no es la última canción. No hay violines. El coro está tan silencioso y nadie baila. Esta es la penúltima canción y eso es todo.”  (Selma)

 

 
 
“Sobre todo me complazco a mí mismo con las imágenes que ruedo. Sin embargo, no negaré que las creo con la intención de que tengan cierto efecto”, respondía en una entrevista, Lars von Trier. Con un elenco fantástico que incluye a Catherine Deneuve (amiga leal de Selma), David Morse y Peter Stormare (regresando a ser parte de una obra en estado puro de creatividad), la fotografía del ingenioso Robby Müller y la alucinante música creada por Björk, editada luego para el álbum Selmasongs, Lars von Trier, sin lugar a dudas, lleva adelante exitosamente una tarea difícil, una película fuerte y sin contemplaciones, pero inyectada con la magia de su imaginación para hacernos ver y sentir la belleza aún en medio del dolor ‘Dancer in the Dark’ es artísticamente hermosa, es como la vida misma…
 

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